El dota es más que un juego
La relación para con mi hermano no siempre a sido la mejor. Se puede decir que un poco de distanciamiento con nuestras presencias, palabras distintas, distantes y contrarias. En lugar de muchas veces protegerlo, lo atacaba o no lo defendía. Recuerdo una vez cuando se accidentó y tenía un yeso en el brazo. Cómo niños nos pusimos a jugar partido. Lo hice caer a propósito al no contener la cólera irracional e incomprensible que sentía por dentro. Es doloroso no intentar contener ese sentimiento, sino saber que existe. Se puso a llorar, no sé si de dolor o de saber que su propio hermano en vez de cuidarlo lo lastimaba. Cuánto daría porque las cosas hubieran sido distintas. Y así pasaron los años. Con el tiempo reconocía un poco más mis sentimientos, pero él no. La contraria parecía natural entre nosotros. El dota era el único equilibrio. Ese mundo que no existe pero en dónde uno concuerda, alivia todo tipo de sentimientos comportándome como el hermano que nunca fui y que estoy dispuesto a serlo en la vida real. El juego te da situaciones que en la vida real son poco probables de que ocurran. Coordinación, comunicación, disputas suaves que se solucionan con el comprendimiento, defenderlo de las emboscadas, cazar, priorizar roles, apoyarlo inclusive con la vida si no soy core o si soy off. Un solo objetivo: GANAR. Ahora que somos adultos, la distancia no es impedimento para seguir comportándonos como hermanos. Siempre lo seremos, si, pero el juego hace que creemos esa situación de hermandad. Así que para mí, el dota no es solo un juego, es vínculo, es familia.
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